Santo Domingo Norte., Durante más de 73 años, la cárcel del Distrito Municipal La Victoria fue el principal motor económico de la comunidad, generando sustento para decenas de comerciantes y vendedores informales que dependían del flujo constante de visitantes, empleados penitenciarios y suplidores.
Colmados, comedores, bancas de lotería y puestos de comida crecieron alrededor del recinto carcelario, convirtiéndose en el medio de vida de familias que, en muchos casos, heredaron estos negocios de generación en generación. Sin embargo, la decisión del cierre técnico del penal y trasladar a los reclusos al Centro Correccional de Las Parras, en el municipio de Guerra, provocara una drástica reducción de la actividad comercial en la zona.

Comerciantes consultados aseguran que desde que se anunció que La Victoria dejaría de recibir privados de libertad, las ventas han caído de manera significativa. Algunos afirman que sus ingresos se han reducido a más del 50 %, obligándolos a recortar personal, cerrar temporalmente o buscar nuevas fuentes de ingreso para poder sostener a sus familias.

Aunque reconocen la necesidad de mejorar el sistema penitenciario nacional y trasladar a los reclusos a instalaciones más modernas, los comerciantes entienden que el cierre debió ir acompañado de programas de apoyo económico, capacitación o alternativas productivas para las personas que dependían directamente de la cárcel.
Actualmente, las calles cercanas al antiguo recinto penitenciario lucen con poco movimiento, marcando el fin de una etapa histórica para La Victoria y dejando en incertidumbre a decenas de familias que por más de siete décadas encontraron en la cárcel su principal fuente de ingresos.

