DE REGRESO A LAS AULAS

Pasada la temporada de sol, sal, arena y mar; de parques, ríos y actividades familiares, nos conducimos nuevamente hacia las filas, las banderas y ese momento solemne de interpretar el Himno Nacional. Esa temporada cargada de rutas, planes y tiempo para compartir en familia llega a su final, luego de unos meses en los que, sin darnos cuenta, fuimos coleccionando recuerdos.

Se acaban las vacaciones y con ellas dejamos atrás los cuadernos rayados, los amigos que posiblemente no volverán a encontrarse en el mismo salón y una cantidad de cuentos inolvidables e irrepetibles. Pasamos la página hacia otra historia, conservando un mismo lenguaje, sumando nuevos amigos y creando, casi sin proponérnoslo, una fantasía natural que terminará formando parte del álbum de la memoria.

Es tiempo de revisar las mochilas, los zapatos llenos de carreras y aquellos uniformes marcados por el sudor, el juego y las manos del tiempo, que para nosotros no eran más que huellas mezcladas con risas y mucha diversión. Cada mancha tenía una historia; cada bolsillo escondía algún pequeño tesoro que, años después, quizás recordaríamos sin saber exactamente por qué.

Vuelve la reinscripción, la lista de los libros y la forradera. Lapiceros, lápices de colores y cuadernos nuevos que, con sus páginas en blanco, parecen prometer nuevas rutas. Regresan las ansias de volver a los pasillos, a las tareas y a los nuevos retos, que por aquellos días se convertían en nuestro deporte. Los profesores, regla en mano, pasan la lista y decir ¡Presente! era casi un grito de guerra que marcaba el comienzo. Así iniciaba la geografía de un nuevo año escolar.

Regresa también el levantarse temprano, la lucha diaria con el sueño, la lonchera, la hora de entrada y de salida, las meriendas, los recreos y aquellos inevitables “hasta mañana” que parecían tan simples, pero que hoy tienen otro valor. Las caligrafías trazaban la pauta y escribir el nombre completo era una forma de decir quiénes éramos. “El nombre completo nos identifica”, decía la Profe Doña Mercedes. Y otra vez aparecían la flora y la fauna, la borra, el sacapuntas, la pizarra y la tiza, como personajes conocidos de una historia que se repetía cada año.

Pantalón con ruedo, camiseta de deporte, medias blancas, peine y pañuelo. Cuadernillos, catecismos, mascotas con rayas. Compás y juego de cartabones, portaminas, carpeta con ganchos y libreticas. La Dirección, “voy al baño”, “abre esa ventana”, “cierra esa puerta”, “baja la cabeza”, “hagan silencio” y “pórtense bien” completaban el repertorio de aquellos temas cotidianos que, sin saberlo, también estaban construyendo nuestra infancia.

Y estaba el timbre.

Ese mismo sonido que nos apuraba a la llegada y que, horas después, anunciaba que se completaba un día más. Un sonido que dividía las horas, pero que también marcaba pequeñas etapas de nuestra vida. Después de haber visto a los nuevos y a los no tan nuevos, a los profesores, a los amigos y a aquellos vacíos que dejamos vacíos el año anterior para volver a llenarlos de sabiduría, travesuras y nuevas aventuras.

Porque volver a las aulas nunca fue solamente volver a clases.

Era regresar a un mundo que olía a cuaderno nuevo, a lápiz recién afilado y a tiza sobre la pizarra. Era volver a encontrarnos con los amigos, descubrir otros rostros y comenzar nuevamente esa interminable aventura de aprender, jugar y crecer.

Hoy, cuando los años han pasado y las aulas quedaron atrás, entendemos que aquellas mañanas de uniforme, mochilas pesadas y sueño acumulado eran también una de las formas más bonitas de la felicidad.

Quizás por eso, cuando llega agosto y comienzan a aparecer los uniformes, las listas de útiles y los anuncios de regreso a clases, algo dentro de nosotros vuelve por un instante a aquellos pasillos.

Y aunque ya no tengamos que decir “¡Presente!” al pasar lista, una parte de nosotros todavía responde.

Presente.

Como si el tiempo no hubiera pasado.

Como si todavía estuviéramos de regreso a las aulas.

Por Guillermo Abreu

Publicista, Diseñador Gráfico y Consultor de Marcas, egresado de la Universidad Católica Santo Domingo con más de 20 años de experiencia en diferentes áreas de la comunicación visual. Mi especialización en Branding y desarrollo de Marcas.

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