Santo Domingo., Hay sectores que parecen llevar inscrita en su geografía una vocación natural para la convivencia. El sector de Buenos Aires Mirador, enclavado entre la avenida Cayetano Germosén por el norte y la avenida Independencia en el kilómetro 9 por el sur —en plena Circunscripción 1 del Distrito Nacional—, ha sido por años un referente indiscutible. No es solo cuestión de una buena localización geográfica; es el tejido de servicios que lo arropa: supermercados, colegios, parques y una cotidianidad que abriga a una población estimada de unas ocho mil familias. Unos beneficios que se sostienen, fundamentalmente, porque sus habitantes han sabido convertirlos en territorio de protección mutua y sentido de pertenencia.

El pasado domingo 1 de noviembre de 2026, el sector de Buenos Aires consumó un acto cívico que latía desde hacía días en el rumor cotidiano de sus calles. Nos referimos a las elecciones generales ordinarias de su Junta de Vecinos.

Para comprender la magnitud de esta celebración democrática, conviene recordar que las sociedades verdaderamente avanzadas marchan al ritmo de su capacidad de organización colectiva. En la salud de sus vecindarios reside la savia de la nación; es el camino idóneo para recordarnos que el bienestar no cae del cielo, sino que se construye desde la acera de enfrente.

Este ejercicio ciudadano contó con el respaldo firme de las instituciones. En el marco de la seguridad, la presencia de los agentes de la Policía Nacional y de la Policía Municipal dejó una estampa digna de mención: hombres y mujeres que exhibían con orgullo su formación, dotando de dignidad y respeto a los uniformes e insignias que portaban. A la par, los representantes de la división de Juntas de Vecinos de la Alcaldía del Distrito fungieron como piezas de relojería humana, garantizando un proceso pulcro, ordenado y arropado por el calor de los moradores y organizadores del torneo electoral.

 

Desde temprano en la mañana, la rutina del domingo adoptó otro color. Las autoridades llegaban para verificar las urnas y las boletas. Botellas de agua y vasitos de café templaban la brisa matutina en el parque del sector. Muy pronto, la fila de vecinos de todas las edades comenzó a estirarse, extendiendo ese mosaico generacional donde cada quien acudía con su cédula en mano a la cita con el porvenir de su comunidad. Verificado el número y superado el registro de control, se accedía al recinto a ejercer un derecho que sabe a soberanía comunitaria. Entre urnas y boletas, los saludos de siempre y los cuentos de vieja data adornaban la mañana; el orden, inquebrantable, fue el mejor aliado de la jornada.

Con el reloj marcando el cierre de la jornada  pautada entre las 8:00 a.m. y las 4:00 p.m.  El recinto quedó en una calma expectante a la espera de los resultados. Alrededor de las urnas no solo había votos, sino una rica mezcla de convivencia: residentes actuales, pequeños inversionistas que apuestan al lugar y antiguos moradores que regresaron con la nostalgia a flor de piel para reencontrarse con su gente.

Este escrito más que promover alguna figura en específico, busca elevar la calidad del discurso en redes, darle un espacio a lo bueno y traer a la mesa la importancia de la buenas relaciones y la participación en l procesos que enriquezcan y aporten a generar bienestar en nuestras comunidades.

¡Felicidades  porque en  ese  ejercicio de convivencia ciudadana, no hay derrotados: todos  son  vencedores!

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